Una forma diferente de trabajo
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Por Eddy Luz Ramírez
Bíblicamente está dicho: “ganarás el pan con el sudor de tu frente”. Más explícito no puede ser: con tu inteligencia principalmente, no sólo con tu fuerza física; ésta última se usa en situaciones específicas, pero guiada por la inteligencia. Al menos así debería ser. Por ello, nos diferenciamos, entre otras cosas, de los animalitos de la naturaleza. Nosotros usamos el cerebro y tenemos la capacidad de discernir y decidir. El ser humano como individuo puede hacer eso. Y también como sociedad.
El sudor de nuestra frente implica, a mi modo de ver, usar en términos prácticos esa inteligencia que Dios nos ha dado. De hecho, en el devenir de los siglos, el hombre, hablando en forma genérica, ha demostrado que cuando ha usado su inteligencia por sobre su fuerza bruta, es cuando ha dado los más grandes saltos hacia el desarrollo de la sociedad. Sus mayores logros en todos los campos, han sido en función del uso de esa inteligencia que nos ha sido dada.
Ahora bien, la inteligencia bien usada, guiada por las Ideas Morales, grabadas por Dios en el alma del ser humano. Están, como decía Jaime Balmes “profundamente arraigadas en el espíritu, que son inseparables de él, que son hechos primitivos, condiciones impuestas a nuestra naturaleza...”.
Léase bien: Inteligencia e Ideas Morales.
Teniendo esto como fundamento, comienzo a plantear lo que realmente me interesa. Siendo el trabajo parte importante de la vida del hombre, éste estructura su existencia en función de alguna actividad productiva generadora de recursos, bienes y servicios, con el fin último de estar y sentirse bien de manera integral. El trabajo debe producir bienestar, alegría, satisfacción, complacencia. En el mundo de hoy, sería algo así como que el trabajo te debe garantizar tener buenas condiciones de vida (es decir, necesidades básicas satisfechas: salud, educación, vivienda, alimentación, servicios e infraestructura de apoyo social) y calidad de vida (tiempo para ti y tu familia, posibilidad de adquirir bienes y servicios que te den comodidad, vacaciones, cultivo del espíritu, entre otros). Ésta última, sólo se logra si la primera ha sido cubierta adecuadamente.
Es decir, se tiene calidad de vida, si se dispone de la suficiente solvencia económica, como para poder disfrutar de las cosas bellas de la vida, sin tener que preocuparse ni ocuparse constantemente, de buscar los medios necesarios para cubrir las necesidades básicas. Calidad de vida que nos permita cultivarnos y crecer de forma integral (espiritual, física, familiar y laboralmente). Para ello es que trabajamos...al menos eso creemos la mayoría!
Pero al analizar esta situación, nos encontramos con algo tristemente cierto: a una gran parte de nosotros, pareciera que se nos pasa un buen tramo de nuestra existencia, sin alcanzar esa anhelada calidad de vida; es más, en varios países de Latinoamérica, entre ellos, la Venezuela de hoy (cuya economía es paradójica, para el entendimiento de los ciudadanos comunes como yo, pues hay altos ingresos petroleros y menos posibilidades de ingresos dignos para la población y limitadas opciones de ser emprendedores), siempre andamos corriendo de un lado a otro, buscando los recursos necesarios que nos permitan cubrir al menos, parte de nuestras necesidades básicas. Y para ello, nos esforzamos trabajando en empleos formales, informales y con varias actividades laborales alternativas a la vez, que demandan sobre tiempo para generar lo que requerimos, y que si no lo hacemos nosotros mismos, no generamos los recursos, solo para alcanzar a cubrir nuestras necesidades básicas. Trabajamos y trabajamos por el dinero y para el dinero, para de esta manera, poder darle a nuestros seres queridos mejores condiciones de vida, que no calidad de vida.
Porque muchas veces solemos oír que dicen: “todo lo que hago es por mi familia, por mis hijos!” Y cuando venimos a ver, pasamos mas de tres cuartas partes de la vida trabajando fuera del hogar, llegamos cansados y agotados y apenas, si vemos a nuestros seres queridos, a nuestros hijos, que crecen sin que los podamos acompañar, compartir sus aprendizajes diarios, seguirlos en sus descubrimientos del mundo día a día.
¿Qué pasa? ¿Por qué sucede esto?. ¿Será un problema de economía, política, cultura, tecnología....? ...en fin, a qué se debe esta situación?
Éstas y otras interrogantes se nos vienen al pensamiento en nuestras horas de reflexión, usualmente antes de dormir, que es cuando tal vez nos sentimos libres de comenzar a discernir y recorrer la jornada de vida que llevamos diariamente. Y es aquí donde podemos plantear las posibles razones de todo ello.
En primer lugar, revisemos nuestros paradigmas relacionados con el trabajo: ¿cuáles fueron las premisas sobre las cuales fuimos formados, tanto en el hogar como en nuestros lugares de estudio? ¿Bajo cuál estructura de empleo se han desempeñado nuestros seres queridos mientras crecíamos? ¿Qué nos decían en la casa, escuela y luego, en la Universidad? Observamos que, el empleo como lo conocemos hoy día y según la apreciación de la mayoría de las personas, debe ser formal, estable, contemplar todos los “beneficios” de Ley, con un “patrono” que nos contrate como parte de su estructura, es decir, que nos integre al “personal de planta fijo”. Sea público o privado. Lo “deseable” es tener un contrato formal por un período de tiempo largo o renovable todos los años, en el mejor de los casos. Un horario que debamos cumplir con jornadas de ocho y hasta doce horas diarias, en ocasiones más, impuesto por ese patrono. Que te paguen el honorario bajo la figura de “sueldos y salarios” como ingreso fijo, usualmente establecidos en un mínimo y, en algunas organizaciones, con incrementos acordes a la experiencia, los méritos o el desempeño. Y por supuesto, con la expectativa de obtener la “jubilación por años de servicios” y la seguridad social permanente. Eso ya en nuestros años dorados, para poder disfrutar de un ingreso que nos permita vivir dignamente mientras descansamos cuando ya no podemos por la edad, continuar el trabajo que veníamos haciendo. El merecido descanso. Pero: ¿que sucede realmente en la gran mayoría de los casos?.
En Venezuela, y seguramente en otros países de Latinoamérica, suceden muchas de estas cosas, algunas se acercan y hasta llegan a ser lo deseable, pero otras no. Veamos por qué.
En los empleos fijos generados por instituciones públicas y privadas, se observan varias modalidades de contratación. Resaltan los empleos fijos, donde el individuo es parte integrante del personal de planta permanente. Gozan de un contrato de trabajo que es renovable automáticamente todos los años con una serie de beneficios (salud, bonificaciones, entre otros) y pasa a ser lo que se llama, en el caso de la administración pública, el “funcionario de carrera”, usualmente sindicalizados para defender sus derechos laborales. En las empresas privadas, es diferente, pues si bien puede formar parte del personal de planta fijo con una contratación anual igualmente con beneficios, su permanencia en la organización dependerá de su desempeño o de que los dueños quieran mantener a la persona en su cargo, según la conveniencia para la organización y sus intereses. Algunas veces están sindicalizados, la mayoría no. En el caso de los cargos Directivos o de Gerencias, en ocasiones es posible ir alcanzándolos, siempre que la organización, sea pública o privada, contemple los ascensos del personal de planta, según las capacidades o méritos del mismo, para obtenerlos, pero en la mayoría de las veces, son personas que son incorporadas directamente en los mismos por cualquier razón (compromiso político, parentesco, amistad, recomendación, requerimiento expreso de determinado perfil, entre otras).
En fin, en términos generales, estas situaciones son las más comunes que se presentan, sin detenernos en las particularidades o excepciones, que existen.
¿Qué sucede entonces, en estos casos? Pues lo comúnmente expresado por muchos empleados, aunque no todos, es su insatisfacción laboral. Todos los días, en el horario de siempre, cumplen religiosamente con sus actividades: salir de su hogar antes de determinada hora de la mañana, realizar la jornada de ocho horas (según la Ley), pero en ocasiones hasta 12 y 18 horas, dependiendo de su ocupación o cargo, regresar entrada la tarde o inicio de la noche y nuevamente al día siguiente, la misma situación. No consideramos aquí, aquellas ocupaciones o profesiones en las cuales deben cumplirse “guardias” nocturnas o los fines de semana. Y por ello, se percibe el respectivo ingreso fijo mensual, que será usado para cubrir los gastos correspondientes a las necesidades básicas, principalmente. Y en algunos casos, los que pudieran ser considerados calidad de vida. Quienes no manifiestan insatisfacción alguna, son personas que se sienten a gusto en sus actividades laborales, no están interesados(as) en ser emprendedores independientes y se encuentran seguros con su “estabilidad” laboral, percibiendo su ingreso el quince y el último de cada mes, como comúnmente se le conoce por estos lares. Se le asignan responsabilidades específicas, tareas claramente determinadas, las cuales deben cumplir diariamente con instrucciones precisas. Así, discurre su vida laboral durante años, hasta el momento de su anhelada jubilación.
No obstante, durante la vida como empleado, el aprendizaje puede ser enorme y enriquecedor, si existe la disposición de aprender de las vivencias que el desempeño laboral puede brindar, pues permite además de adquirir experiencia, desarrollar destrezas, realizar en la práctica ideas que permitan mejorar determinada actividad en el puesto de trabajo que se desempeña, siempre que las iniciativas en tal sentido, sean valoradas y permitidas por el patrono.
Ahora bien, la situación del mundo laboral ha venido sufriendo transformaciones diversas, motivado, entre otras cosas, por los avances tecnológicos, la globalización y los nuevos paradigmas relativos al trabajo, la economía y el bienestar social con calidad de vida. Hoy día, existe una mayor diversidad de posibilidades y modalidades de empleo, tanto aquel generado por las organizaciones, con algunas variantes (como el outsourcing, entre otros), como el desarrollado por particulares: autoempleo y las iniciativas emprendedoras, hasta el e-empleo.
Actualmente, da para todo, desde el trabajo propio, mediante alguna forma organizacional, sean cooperativas, microempresas, sociedades, compañías anónimas, incluyendo las ocupaciones específicas independientes, hasta el trabajo virtual como el Internet. En ellos, los horarios, beneficios y demás, son estructurados según la posibilidad y conveniencia del individuo que realiza su actividad y se orienta al cumplimiento de objetivos, logros de metas, obtención de beneficios, para lo cual se auto planifica, previo análisis de la realidad y el entorno en el cual debe desarrollarla. Existe un nivel de compromiso consigo mismo y con quienes se constituyen en sus clientes, un compromiso y una responsabilidad desde otra perspectiva, la perspectiva de “mi negocio”. Por consiguiente, la disposición para realizar las actividades inherentes a ese trabajo, es diferente. No es porque “si no lo hago, me botan y tendré que buscar otro empleo”. No. Es porque si “no lo hago, pierdo, no genero mi beneficio y dejo de ganar. Es mi negocio y lo haré”. Y la perspectiva de futuro debe ser mejorar la forma de hacerlo, crecer y consolidarme, con la finalidad de lograr la tan deseada libertad financiera. Es hacer, como dice Robert Koyasaki , que el dinero trabaje para nosotros, en vez de trabajar toda nuestra vida por dinero, que es el paradigma imperante aun en nuestra sociedad.
Según este mismo autor, para alcanzar la libertad financiera, es necesario desarrollar la habilidad de ganar dinero sin tener que trabajar en una oficina de 8:00 a.m. a 6:00 p.m. El único tipo de ingreso que permite esto es el ingreso pasivo. El ingreso pasivo se genera a través de bienes raíces, propiedad intelectual, sistemas empresariales, bolsa de valores, Internet y network marketing.
No se trata de no trabajar, ni tampoco de dejar de ser empleado; se trata de trabajar de una forma diferente y de aprender mientras se es empleado, con la perspectiva futura de pasar a ser emprendedor y no morir siendo siempre un empleado, que solo trabaja para generar el dinero que le permitirá pagar las deudas y compromisos adquiridos, pero que cuando mi cuerpo, mi condición física no me permita trabajar, pues ya no obtendré el ingreso que requiero para poder seguir viviendo dignamente y con calidad de vida, porque el dinero no sigue trabajando solo, ya que es ingreso activo y es necesario que yo lo haga “moverse” para que se siga generando. Porque, cuando comenzamos a trabajar, se nos fija un ingreso, luego, este ingreso comienza a ser insuficiente y seguimos trabajando para generar mas ingreso y entonces, seguimos adquiriendo mas deudas y vuelve a ser insuficiente, en fin... nos enfrascamos en la historia de nunca acabar.
Para ello, es que se presentan las nuevas opciones laborales, que ofrecen alternativas de trabajo diferentes y con posibilidades de mejora de acuerdo a nuestras expectativas, en los cuales los viejos paradigmas se rompen y se presentan nuevos paradigmas de generación de recursos económicos como ingresos pasivos, cubriendo las necesidades básicas para poder obtener mejores condiciones de vida y abriendo las puertas hacia el logro de la libertad financiera y la calidad de vida. Ahora bien: ello implica el tener la disposición de asumir riesgos, retos y luchar para alcanzarlos, romper viejos esquemas y abrirse a estas nuevas alternativas. ¿Estamos dispuestos a ello?.
Queremos dejarle a nuestros hijos un mejor futuro; además, ellos se enfrentan con un mundo en el que las tecnologías de información y comunicación están al alcance de la mano y en constante innovación y mejora, donde el conocimiento es el que va adquiriendo mayor demanda y que hace competitivos a quienes se incorporan en las filas laborales. ¿Acaso les enseñaremos que continúen con el viejo paradigma del empleado de quince y último? ¿de vivir en base a un ingreso activo solamente?. Hay un abanico de posibilidades innumerables que ellos deben saber aprovechar de la mejor manera. Y nosotros debemos enseñarles. Pero para eso, nada mejor que hacerlo nosotros mismos primero, para poder luego modelar.
Sobre este articulo, les invito a quienes se interesen en el tema, a realizar un foro de discusión, a los fines de profundizar sobre como se puede llegar a una nueva forma de trabajo, que nos facilite compartir con nuestra familia, mientras el dinero trabaja para nosotros y no nosotros para el dinero. Además, poder dar a conocer nuestras experiencias al respecto, que bien pudieran servir para que otros construyan su vía en el andar de la obtención de la anhelada calidad de vida.
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Campo Latino es un foro virtual que promueve la formación, el diálogo y el intercambio de experiencias entre profesionales de diferentes disciplinas, en la búsqueda de alternativas para el desarrollo latinoamericano. Este programa es apoyado por Inwent. Para contactos diríjase por favor a: contactos@campo-latino.org
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